¿Está a punto de comprar un compresor de aire?

En un momento dado todas las empresas pasan por la adquisición compresores nuevos. Más allá de lo que esto significa desde el punto de vista de la inversión, esta es una oportunidad para hacer mejoras en el sistema de aire de la planta. A continuación sugerimos algunas preguntas que podrían hacerse los usuarios que están a punto de comprar nuevos equipos de aire comprimido para optimizar el uso de sus recursos.

1- ¿Realmente un compresor va a resolver los problemas de aire de mi planta?
Lo primero es determinar cuáles son los problemas que tiene el sistema de aire comprimido de la planta. Entre los problemas de operación más comunes se cuentan la baja presión de aire, grandes fluctuaciones de presión y la presencia de agua u otros contaminantes en la línea de aire. De estos, un compresor generalmente sólo puede solucionar el de la baja presión de aire (nótese que se ha diferenciado la situación de baja presión de aire de la de grandes fluctuaciones de presión): la baja presión de aire en la planta proviene del hecho de que la cantidad de aire comprimido consumida por el sistema es mayor que la cantidad de aire generada; por lo tanto, el aire se expande para cubrir la necesidad, y esto lo hace a costa de la presión. Si el problema de la planta son fluctuaciones de presión, lo más probable es que necesite modificar su sistema de almacenamiento y distribución de aire; si hay presencia de contaminantes en la línea de aire, lo que se necesita son equipos de tratamiento de aire comprimido (Secadores, filtros, etc.); no un compresor nuevo.

2- ¿Cuál es el compresor de aire más adecuado para mi planta?
Esta no es una pregunta fácil de responder para todos los casos. Cada planta es diferente a otra. Planteamos algunas preguntas que le ayudarán a definir mejor el tipo de compresor que requiere:
Hay muchos factores que inciden en la selección del compresor más adecuado para una aplicación y una planta determinada. Algunas aplicaciones específicas tienen requisitos especiales de calidad del aire que, a su vez requieren de compresores diferentes a los de tornillo rotativo lubricado, que son los más comunes. Estos compresores requieren una mayor inversión inicial y también presentan mayores costos de mantenimiento que los equipos de tornillo rotativo lubricado.
Haciendo a un lado estas aplicaciones especiales, los principales factores a considerar son la capacidad y presión de descarga del equipo.¿Prefiere que el compresor nuevo sea un equipo de carga base (100% del tiempo en operación a plena carga) o de ajuste (marcha a carga parcial, ajustándose a las variaciones del sistema)? ¿Cuánto aire adicional necesita para condición de carga base y cuánto para condición de ajuste?
Luego hay otros factores: Tipo de regulación (los equipos de velocidad variable se prestan para compresores de ajuste, pero no tienen ventaja alguna por sobre los de velocidad fija como equipos de base), comunicación con otros equipos o con un sistema de control central, banda de presiones de operación, secador integrado o por separado (para compresores que tienen un equipo de respaldo puede ser más recomendable un secador externo que pueda trabajar con dicho equipo), etc. Por último vienen otras consideraciones que no están directamente relacionadas con las características técnicas del equipo, sino con el soporte que brinda el proveedor (¿Tienen servicio técnico en algún lugar cercano que permita un tiempo de reacción aceptable, considerando las características de la producción y redundancia del sistema? ¿Hay disponibilidad de repuestos?)

3- Ok, el problema es que mi sistema consume más aire del que produce; pero… ¿Realmente necesito un compresor?
Con frecuencia el aire que le falta al sistema corresponde a “desperdicio” de aire comprimido (es decir, usos no intencionales o usos no productivos que pueden eliminarse, sin afectar la producción). Si bien un compresor puede eliminar el “síntoma” de baja presión, al aumentar la cantidad de aire producido se está agregando al sistema un equipo que consume energía y requiere mantenimiento preventivo relativamente frecuente, para generar aire que o se necesita.
Si se cuenta con los fondos para la compra de un equipo, se puede evaluar la alternativa de implementar un proyecto de optimización del sistema de aire comprimido que reduzca el desperdicio. Los ahorros incluirán todos los costos de la vida de operación (costo inicial, instalación, mantenimiento y, más importante, energía consumida) del compresor que Ud. podría dejar de necesitar.

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Sostenibilidad.

Cuando tenía 8 años, me regalaron un libro que trataba acerca de las costumbres de los indios Pieles Roja (Su título era bastante sucinto: “Los Indios”). Tenía muchas ilustraciones y textos relativamente cortos (como cualquier presentación de Power Point de hoy en día). Yo lo veía una y otra vez. Aparte de las ceremonias de iniciación, la captura de caballos salvajes y otros temas “de acción”, que obviamente me llamaron la atención desde el primer momento, hubo uno que me atrajo especialmente: La cacería del bisonte.

Los bisontes eran abundantes antes de la llegada del hombre blanco y el ferrocarril –decía el libro, según recuerdo–. No obstante su número, los Pieles Rojas nunca cazaban más de lo que podían consumir. El bisonte no sólo era parte de su dieta (comían la carne, vísceras, sesos, y otras partes que podrán ser “delikatessen” gastronómicas, pero que me cuesta concebir como comida). Sus pieles se convertían en mantas y material para la construcción de los “tipis” (las tiendas); los tendones en cuerdas –entre otras cosas, para los arcos con que cazaban–; los huesos en armas y herramientas (o algo así, no recuerdo muy bien). El punto es que aprovechaban todo lo aprovechable del bisonte… y, creámoslo o no, hay muchas partes aprovechables de un bisonte, además del filete y el lomo.

La idea de “aprovechar todo el bisonte” contrastaba fuertemente con la tendencia mundial de finales del S.XX, cuando había una percepción generalizada de suficiencia holgada abundancia de recursos, que derivó en una cultura de derroche en Occidente.

Hoy en día las cosas son diferentes. Pareciera que hubiéramos salido finalmente de la embriaguez centenaria de la revolución industrial (cuya principal virtud fue poner a disposición de la raza humana cantidades de energía que habrían sido impensables tan sólo una generación atrás), y finalmente tuviéramos conciencia de los excesos cometidos durante buena parte del siglo pasado. Ya hay algo de conciencia con respecto a que los recursos son limitados y a que habrá una escasez de combustibles fósiles dentro de los próximos 50 años. Hay bastante actividad al respecto. Se fomenta el desarrollo de fuentes de energía alternativas, se buscan combustibles alternativos, se penalizan las emisiones contaminantes… Si bien esto ya es algo, a mi manera de ver, este enfoque aún no es el correcto. Me parece que estamos asumiendo actitudes de adictos (a la energía), buscando fuentes alternativas para saciar esa adicción, aún a costa de algo tan vital para la supervivencia como lo es la producción de alimentos (parte de las cosechas de alimentos, como el maíz, están siendo utilizados para la extracción de “bio-combustibles” mientras aún hay gente que muere de hambre en el mundo… esto lo encuentro totalmente injustificable).

Por otra parte, se está poniendo de moda algo que podría llegar a ser una respuesta mucho más adecuada: se habla de Sostenibilidad, se crean políticas de sostenibilidad, y las empresas implementan campañas de desarrollo sostenible. Sin embargo, en el lenguaje cotidiano, las palabras Sostenibilidad y Desarrollo Sostenible son, al menos, difusas. Si bien aún estamos lejos de poder determinar el grado de sostenibilidad de una empresa o una comunidad, creo que esto es un paso en la dirección correcta.

Personalmente, me gustan la simplicidad y la claridad (generalmente van de la mano). Me gustaría proponer que volvamos a mi libro de los indios, a la caza del bisonte y que busquemos una definición de Sostenibilidad en términos de la reducción o eliminación del desperdicio (ese es un parámetro medible y concreto). Sólo midiéndonos y abandonando los vestigios de derroche que quedan de una época de inconsciencia energética podremos realmente ser “sostenibles”.

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